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Entre decisiones peligrosas: Juegos de poder

“Juegos de poder” es una obra de teatro que aborda una campaña presidencial dentro de la burbuja de los que mueven el poder.

Por Santiago Andrade

“¡He participado en más campañas políticas que muchos otros a sus cuarenta años!”, pregona un joven de 25 años, asesor de prensa de un gobernador demócrata en los Estados Unidos del año 2004, en medio de una acalorada discusión en un bar, junto a una periodista y el coordinador de campaña. La discusión gira sobre cómo ganaron, años atrás, una contienda electoral con maniobras “cuestionables”. Su nombre es Stephen Meyers y la ambición lo ha marcado. Ahora enfrenta un desafío mayor: tratar de conseguir que otro precandidato, ahora Mike Morris, sea elegido por el Partido Demócrata.

Ésta es una escena con la que arranca Juegos de poder, obra de teatro que dirige Sebastián Sánchez Amunátegui en el Teatro Julio Prieto de la Ciudad de México, hasta el próximo 8 de enero; un texto escrito por el dramaturgo y guionista Beauregard Willimon, la mente detrás de la famosa serie House of Cards.

Willimon escribió esta obra cuando tenía 26 años, luego de trabajar en varias campañas políticas como voluntario; participó en la de Hillary Clinton para el senado en 2000 y las presidenciales de Bill Bradley y Howard Dean de 2004. En esos años, vio muchísimas veces a otros dudar sobre cómo tomar decisiones cruciales. Así que supo asimilar su experiencia para escribir un texto teatral sobre estas batallas éticas de lo correcto y la intersección entre la juventud y el poder. El mundo de la política transforma el rumbo de todo el que habita en él, parecer ser la premisa de esta puesta en escena.

Interior, Juegos de poder

Cuando la obra se inauguró a finales de octubre en México, Willimon declaró en rueda de prensa que “los políticos no se vuelven corruptos de la noche a la mañana, es un proceso. Afecta en las personas. Y siempre hay un momento en el que ya no hay regreso”. Las decisiones son determinantes en la construcción de los personajes. Así es como, por la mente de Stephen, cruzan preguntas sobre si la lealtad es importante, si es correcto traicionar al otro en beneficio propio, o si los secretos deben quedarse para uno. Si elegir por el camino de la lealtad a su candidato o por su propia carrera política.

Originalmente titulada como Farragut North —nombre que toma de la estación del metro de Washington DC—, su libreto fue galardonado en el Dayton Playhouse FutureFest en 2005. Sin embargo, fue rechazada hasta por cuarenta teatros hasta que finalmente logró estrenarse en 2008 en Broadway, en vísperas de elecciones. Años más tarde, George Clooney adaptó la obra al cine bajo el título de The Ides of March. La película fue nominada a cuatro Globos de Oro e inauguró el Festival de Venecia en 2011. Para el 2013, Willimon ya era reconocidísimo cuando adaptó la novela de Michael Dobbs, House of Cards, para Netflix.

El poder, ciertamente, tiene algo de universal, lo mismo que la corrupción y las disputas morales. Quizá por eso la obra ha funcionado en cuanto país se ha montado, independientemente de sus procesos electorales.

Juegos de poder llegó, además, en medio de un momento crucial, con la reciente candidatura de Donald Trump y sus desencuentros con México. La política es un tema que no termina. “La democracia está en crisis en todo el mundo. Y la obra muestra cómo estos elementos generan la crisis”, dice Sánchez Amunátegui, quien dirige en escena a los actores Tony Dalton, Marco Treviño, Inés de Tavira y Santiago Stephens, entre otros.

Aunque fue escrita en 2004, el texto sigue vigente. Aproximarse a lo que hay detrás de este mundo, adentrarse a las mentes de los que mueven los hilos, parecer ser una decisión políticamente correcta.

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